Cardiff, Reino Unido – Esther Tobarra | En el mes de marzo, un período dedicado a reflexionar sobre los derechos de las mujeres a nivel global, resulta especialmente pertinente reconocer su papel clave en distintos ámbitos de la sociedad. En este contexto, desde Red Salud Planetaria se busca resaltar la valiosa contribución de las mujeres en la protección y el cuidado del medio ambiente, una labor fundamental para el bienestar colectivo y el futuro del planeta. Como ejemplo inspirador, se destaca la figura de Wangari Maathai, también conocida como Mama Miti, cuyo legado simboliza el vínculo entre justicia social y sostenibilidad ambiental.
No fue hasta la década de los 60 cuando una persona africana recibió por primera vez el Premio Nobel de la Paz. Años más tarde, figuras ampliamente conocidas como Martin Luther King Jr., Desmond Tutu o Nelson Mandela fueron galardonadas. Sin embargo, la primera mujer africana en recibir este reconocimiento fue Wangari Maathai, en 2004. Aunque no siempre es uno de los nombres más recordados, su legado representa la salud planetaria llevada a la práctica, al integrar medio ambiente, salud, igualdad y paz.

Conocida como Mama Miti (“madre de los árboles”), Wangari fue una mujer africana que desafió a un régimen dictatorial plantando árboles. Primera mujer de África Oriental y Central en obtener un doctorado, rompió el techo de cristal en un contexto especialmente adverso. Tenía muy claro que la tierra, el agua y la libertad están profundamente interconectadas, y transformó un gesto aparentemente sencillo —plantar un árbol— en un movimiento capaz de empoderar a miles de mujeres.
Desde la década de los 70, Wangari observó cómo mujeres, jóvenes y niñas recorrían kilómetros cada día para recoger agua debido a la sequía de los arroyos, lo que además afectaba su acceso a la educación. Lejos de aceptarlo como algo inevitable, identificó las causas estructurales: deforestación, inseguridad alimentaria y desigualdad. Su respuesta fue tan clara como transformadora: crear un “cinturón verde” que generara empleo para las mujeres mediante la reforestación, restaurando así los ecosistemas y el acceso al agua, y recuperando los cultivos. El resultado fue extraordinario: más de 50 millones de árboles plantados y miles de mujeres que accedieron por primera vez a un ingreso económico.

Wangari Maathai fundó oficialmente el “Green Belt Movement” en 1977 en Kenia. A medida que el movimiento crecía, también lo hacía su dimensión política: Wangari comenzó a denunciar abiertamente la corrupción, la apropiación ilegal de tierras públicas y la degradación ambiental impulsada por las élites en el poder. Su activismo trascendió la reforestación y se convirtió en una defensa firme de los derechos humanos y la democracia en Kenia.
“Frente a la sequía, la desigualdad y la deforestación, Wangari Maathai impulsó una solución transformadora: reforestar la tierra para restaurar los ecosistemas, generar ingresos para las mujeres y devolver a las comunidades el acceso al agua, a los cultivos y a una vida digna.”
Durante las décadas de 1980 y 1990, fue objeto de campañas de difamación, amenazas y agresiones físicas. A pesar de ello, lideró protestas pacíficas junto a otras mujeres, como las conocidas movilizaciones de madres que exigían la liberación de presos políticos. Su oposición frontal al régimen de Daniel arap Moi la convirtió en un símbolo de resistencia.
El punto de mayor confrontación llegó cuando el gobierno intentó construir un rascacielos en el parque más importante de Nairobi, el Uhuru Park. Wangari organizó una campaña nacional e internacional para detener el proyecto, lo que le valió nuevas detenciones y episodios de violencia. Finalmente, el edificio nunca se construyó, y el parque sigue siendo hoy el pulmón verde de la ciudad.
“El “techo de cristal” es una metáfora que describe las barreras invisibles —basadas en prejuicios y estereotipos— que dificultan el acceso de las mujeres a posiciones de liderazgo, a pesar de contar con la misma o mayor preparación y experiencia que sus pares masculinos. Estas barreras incluyen normas no escritas, estereotipos culturales, falta de referentes, dificultades de conciliación y redes de poder predominantemente masculinas.”




